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sábado, 27 de octubre de 2012

Los días no vividos

Empezó por quitarse la ropa delante del espejo.Poco a poco,como si fuera la última vez que pudiera ver sus curvas desnudas.Los pantalones y la camisa de lino blanco abandonaron el cuerpo de Amélie con ganas de tocar el suelo frío.El peine dorado comenzó a acariciar la cabellera parda de la pequeña ,y cuando todos los enredos se dieron por vencidos,se incorporó y se fue acercando a la bañera.Se imaginó que era Maria Antonieta y que el camino hacía la bañera era el camino que la reina recorrió para llegar a la guillotina.
Introdujo la punta del pie izquierdo para comprobar que el agua estaba lo bastante caliente,y sintió un pequeño hormigueo en el estómago.Perfecto.Apoyando el dorso en la bañera fría,el pie derecho se adentró en la espuma blanca,y pasó a hacerle compañía al pie izquierdo.Volvió a incorporarse para dejar que el agua abrazara su piel blanca y su cabello recién peinado.La espuma olía a rosas y le hacía cosquillas en las orejas.
Permaneció tumbada en la bañera durante 6 minutos y 43 segundos, mirándose los pies y sintiendo la nada.Entonces se le ocurrió dejarse abrazar del todo,y fue hundiendo su cabeza primero en la espuma tibia ,y después en el agua caliente,que comenzó a penetrar sus orejas y después la nariz.Aquello la asustó y sacó rápidamente la cabeza a la superficie,y tragó la bocanada de aire más deliciosa que jamás había probado.Las mejillas le ardían,la garganta le escocía por culpa del jabón previamente añadido,y los ojos abiertos le lloraban por el miedo que sintió al verse atrapada dejado de todos esos litros de fluido.Empezó a toser por culpa del agua que le había llenado los pulmones,y mientras luchaba por coger otra bocanada de aire se dió cuenta de que no quieria ser más Maria Antonieta. Se dio cuenta de que ya no estaba decidida a morir por su Luís XVI. Además,había leído que la austriaca en ningún momento mostró miedo delante de la guillotina.En cambio ella salió de debajo del agua temblando,y pensó en que no era digna de  imaginarse siendo la última reina de Francia.Decidió viajar desde París, 16 de Octubre 1793 a aquel junio del 1999 en el jardín de su abuela .Sentada en el regazo de su padre,con 4 margaritas blancas en la mano,preguntaba por cómo la yema de los huevos podía transformarse en pollos.Él con paciencia,empezó a explicárselo por tercera vez aquel día,sabiendo que probablemente ,la pequeña volvería a preguntar lo mismo en menos de 2 horas.A Amélie le encantaba escucharle hablar,daba igual de qué. Habia entendido como se formaban los pollitos la primera vez que se lo explicó.Pero con tal de mirarle mientras hablaba,volvía a preguntar lo mismo las veces que hacían falta.Echaba mucho de menos esos ojos de color miel.Los mismos que cada mañana estaba condenada a ver en el espejo cuando se peinaba.Su abuela,en sus delirios finales, antes de su muerte no dejaba de repetirle lo mismo: "Los ojos de tu padre,son tus ojos.Son iguales. ¡Has heredado lo más bonito de él,sus ojos,sus ojos! "
Para cuando la garganta le dejó de escocer,empezó a escocerle el corazón.El agua ya estaba casi fría y decidió que lo último que necesitaba era un resfriado.Abandonó la bañera y decidió mirarse al espejo analizando sus pestañas y odiando sus ojos.Al cabo de 30 segundos cambió de opinión  y quiso volver a empezar.Dejó que el agua llenara de nuevo  la bañera y esa vez se tiró sin miedo y siendo ella,la Amélie de verdad.Después de media hora volvió a mirarse al espejo y se dio cuenta de que sus ojos eran lo más bonito que podía heredar de su padre.Así nunca se olvidaría de cómo brillaban cuando le explicaba cómo las yemas de los huevos se transformaban en pollitos.






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