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lunes, 16 de septiembre de 2013

El hombre más maravilloso de la tierra

El origen de todos sus males no era la machista caja de Pandora, ni algún castigo divino que los Dioses lanzaron sobre la suerte de Amélie.
El orígen de todos sus males era aquella tarde fría de Octubre, cuando perdió al hombre más maravilloso de la tierra. Acompañado por un señor al que todo el mundo llamaba muerte, salió por la puerta sin poder mirar atrás. Salió sin previo aviso, salió sin poder volver a cargar a su hija en sus brazos. Salió sin dar explicaciones y sin despedirse.
De vez en cuando la pequeña Amélie tenía la sensación de verle por las calles. Paseando, corriendo, yendo a trabajar. Muchas otras se imaginaba que nunca se había ido. Se imaginaba a sí misma llegando a casa, dándole abrazos sinceros y contándole que está enamorada. Que él es un buen chico y es poco probable que le rompa el corazón. Que estuviera tranquilo, su niña estaría bien con él. Además tenía buenos amigos que la ayudarían pasara lo que pasara.
Y después un rato soñando despierta, volvía a la cruda realidad. Al abrir los ojos se daba cuenta de que estaba hablando con fantasmas imaginarios. Se daba cuenta de que, de nuevo, el hombre más maravilloso de la tierra le era imprescindible. Y aún así, le faltaba.

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